Esta vez no dejó plasmado ningún poema, metáfora o frase profunda, sólo quiso que todos sepan que no se iba a dar por vencido tan fácilmente:
Con su andar silencioso, nula contaminación y moderno diseño, el tranvía turístico de Puerto Madero ya forma parte del paisaje cotidiano de este barrio porteño. Al verlo pasar, uno no puede evitar compararlo con aquellos que circulan por las ciudades europeas, donde en definitiva fueron fabricadas las formaciones.
Sin embargo no todo es color de rosa: la inversión para la construcción de este tramo de apenas 2 kilómetros (a prolongarse en un futuro) fue de alrededor de 50 millones de dólares, algo excesivo si tenemos en cuenta el estado lamentable en que se encuentran otros medios de transporte público como los ferrocarriles; para colmo el pasaje cuesta un peso, lo mismo que actualmente cuesta atravesar la ciudad de punta a punta en colectivo.
Por si esto fuera poco, las ocasiones en que lo he visto en hora pico por lo general suele estar semivacío, ya que entiendo que para los turistas la zona se presta para recorrerla a pie al ser una de las más atractivas y seguras de la Ciudad, y para los demás usuarios es un servicio demasiado lento si combinamos la poca velocidad que alcanza y los diversos pasos a nivel que existen (doy fe que he recorrido varias veces las 20 cuadras caminando en menor tiempo que el tranvía). 

Quizás la lentitud tiene dos explicaciones: por un lado actualmente sólo dos formaciones están hoy en funcionamiento, y por otra parte el trazado posee una sola vía que comparten ambos sentidos, es decir que cuando un coche va hacia el norte, el otro debe esperar en una de las estaciones con andén central para poder avanzar en sentido sur (y viceversa)...sinceramente no lo entiendo.
Considero que fue un proyecto totalmente innecesario (por no decir al pedo!), terminado a las apuradas y con escasa planificación previa. Ah, y fue puesto en marcha poco tiempo antes de que el Gobierno de la Ciudad cambie de manos en 2007. Y yo hace rato que dejé de creer en las casualidades.
En estos tiempos de apremio económico que corren, las empresas tienen como objetivo primordial el ahorro de costos, incluso hasta en los más mínimos detalles. Por ende, no es de extrañar que las agencias de viajes resuman ofertas hacia diversos destinos en un único afiche publicitario, aún cuando se trate de diferentes regiones, países e incluso continentes.
Puedo imaginar la cara de asombro del imprentero al ver que le encargaban un cartel con imágenes de la Torre Eiffel junto a los lobos marinos de la Bristol de Mar del Plata.
Momento! Acabo de recibir un mail de la empresa ofreciéndome un paquete turístico Mina Clavero/Asia/Mar de Ajó, con desayuno incluído...creo que me anoto.
El ama de casa abre la ventana del comedor con la esperanza de que el ambiente se ventile un poco; "mirá que humareda, no debí dejar ese pollo tanto tiempo en el horno", piensa con ingenuidad. A poca distancia de allí un automovilista circula perplejo por una avenida céntrica a paso lento, apenas ve unos pocos metros más allá de su parabrisas y se pregunta cómo es posible que haya neblina y a la vez la luna permanezca visible con un extraño color amarillento. Finalmente, un turista extranjero que camina por San Telmo hojea una y otra vez su guía de viajes: jura y recontra jura no haber leído nada acerca de ese oscuro y maloliente manto de penumbra que cubre a la ciudad.
Aunque parezca una película de ciencia ficción, situaciones como éstas se han vuelto cotidianas para los que vivimos en la Ciudad de Buenos Aires (que dicho sea de paso, de buenos ya no tienen nada) y sus alrededores; sucede que unos señores decidieron quemar grandes pastizales a pocos kilómetros de aquí y, debido a esto y a la dirección e intensidad de los vientos, una densa capa de humo se instaló en la urbe porteña y varias ciudades más desde hace varios días y a toda hora. Resultado: visibilidad reducida y olor nauseabundo en las calles, molestias oculares y respiratorias, y lo peor de todo: más muertes en las rutas argentinas por accidentes de tránsito.
Ahora bien, nadie puede hacer algo al respecto, al margen de haber detenido ya a dos sospechosos de provocar los incendios? Empeoraría la situación intentar sofocar las llamas? Quién se ocupa de prevenir y controlar este tipo de cosas? Esa amarga sensación de ausencia de autoridades competentes regresa una vez más, y no parece querer irse.
Actualización 19/04/2008
El humo está muy a gusto en Buenos Aires y no parece tener ninguna intención de irse, ya es prácticamente un miembro más de la familia y nos estamos acostumbrando a convivir con él. No hay conversación, noticia periodística o chimento de pasillo en donde no se lo mencione. Los buscas de siempre ya le encontraron la veta comercial: 2 pesitos el barbijo en la calle (unas 10 veces más de lo que cuesta comunmente en los comercios), y lo peor es que se vende como pan caliente; faltaría que Crónica TV ponga en sus famosas placas rojas: "faltan X días para que se vaya el humo".
En la foto: vista de la Av.Corrientes hacia el centro, a pocas cuadras del obelisco...alguien lo ve?
Adiós a las salidas románticas, cenas a la luz de las velas, ositos de peluche y cajas de bombones! Basta de interminables cortejos, poemas y demás estrategias para lograr que un acercamiento amoroso resulte efectivo!
Según este volante, que aparece empapelando numerosos cestos de basura, postes de alumbrado y otros elementos del mobiliario público de la Ciudad de Buenos Aires, todos los problemas sentimentales se solucionan simplemente con "siete fumatas poderosas"...otra que la Capilla Sixtina!
Desgraciadamente no se aclara si la inhalación del ¿tabaco? queda a cargo del infortunado galán o del que dirige la ceremonia. Por si fuera poco, también dicen tener el poder de "curar" casas, negocios, campos, etc, con lo cual deben estar con bastante trabajo por estos días.
Satisfacción garantizada, o devolución del dinero (y los puchos!).
Escenas bizarras como esta pueden ser vistas en la puerta de la Facultad de Cs.Económicas (UBA) un sábado cualquiera por la mañana:

Brillantes atuendos, repiqueteo constante de tambores y cuerpos moviéndose frenéticamente como si estuvieran en trance. ¿Carnaval rioplatense? ¿Danza afroamericana? ¿Rito satánico? Me parece que era un poco de cada cosa...
Después de tres semanas durante las cuales ninguna de las partes parecía aflojar, finalmente ayer, como era previsible, los ruralistas levantaron las medidas de fuerza por 30 días para sentarse a negociar con el gobierno. Atrás quedaron fastuosos discursos políticos cargados de innecesaria demagogia, patoteadas a cargo de personajes con el nivel cultural de un cavernícola, rutas troncales cortadas, ciudades desabastecidas y precios aún más inflados de lo que ya de por sí estaban.
El gobierno, si bien anunció algunas medidas complementarias para apaciguar un poco los ánimos (¿por qué no las pensaron en su momento?), no dio el brazo a torcer en ningún momento para no demostrar falta de autoridad, lo cual creo que es correcto, y a su vez el campo demostró que si se lo propone puede causar graves problemas a todos los que dependemos de sus productos, tanto consumidores finales como intermediarios.
Eso sí muchachos, las manifestaciones multitudinarias con gente que es sabido que concurren a cambio de un plato de comida o un par de zapatillas ya no impresionan ni intimidan a nadie, y por otra parte se comprobó que los cortes de rutas como medio de protesta le hacen cosquillas a los gobernantes, así que a afilar la imaginación por si las negociaciones fracasan.
En la foto: decenas de micros que trasladaron a los "manifestantes" al acto del pasado viernes en Plaza de Mayo, estacionados en plena Av. 9 de Julio durante la tarde y paralizando a media ciudad.
Por más que estaba de vacaciones, la señora no estaba dispuesta a perderse ni un sólo capítulo de la telenovela de la tarde; incluso amenazó a su esposo con subir ella misma al techo de la casa rodante a colocar la antena satelital si él no se dignaba a hacerlo. Y visto y considerando que él ni siquiera atinó a levantarse de su reposera, ella cumplió con su palabra.
(Foto sacada en un camping de Sierra de la Ventana, Buenos Aires, Argentina)